Una semana después
Hace una semana que te fuiste. Fue corto pero me sirvió de mucho. Me diste la normalidad que siempre busco. Y lo más importante, tus dedos acariciando constantemente los mios. Los besos, la calma, el poder dormir de un tirón. Mi mente tranquila. Hice miles de planes pero se quedaron en nada. Bueno, verte fuere para mi el todo.
Cómo cambias cuando estás conmigo. Me pregunto si tu también te darás cuenta. Yo soy la que se queda fria, relajada, asustada ante la situación y tú te deshaces por complacerme.
¿Cómo voy a querer que te vayas si cuando estás a mi lado te comportas así conmigo?
Ahora me siento vacia, vivo de los recuerdos. Soñando con volverte a ver pronto, si tú quieres.
No sé si la visita hizo cambiar algo dentro de tí, pero te noto diferente conmigo. Siempre sueño con que me vuelvas a considerar como una parte de ti, no como una extraña. Lejos de las discusiones de días atrás. Es lo que me mantiene a flote.
Paseo y me enfado con cada parejo que veo. Sus besos, sus abrazos, nos los roban a nosotros.
Intento fingir normalidad pero tanto interiorizo que el vaso de dentro se va llenando. No quiero que rebose.
Me pregunto cuanto nos quedará. Hubo un tiempo en que quisiste que compartieramos todo. Pero yo estaba ciega y dolida y no era capaz de ver lo que me ofrecías. Ahora añoro esos momentos y me conformo con una pizca de aquello, una pizca que duele mucho. Daría lo que fuera porque me volvieras a extender la mano.
Sin grandes objetivos, sin mirar muy lejos, sólo mirando el día a día. Sólo ser felices.

